Es una sensación intensa y persistente que no siempre mejora con el descanso y que puede afectar tanto al cuerpo como a la mente.
Muchas personas con cáncer la describen como una falta total de energía, dificultad para realizar actividades cotidianas o incluso para levantarse de la cama. Y aunque no siempre se ve desde fuera, su impacto en la calidad de vida puede ser enorme.
La enfermedad, los tratamientos, el estrés emocional o las alteraciones del sueño son algunas de las causas que pueden contribuir a esta fatiga.
Por eso, acompañar también es escuchar, comprender y validar aquello que muchas veces permanece invisible. 💙
Pequeñas acciones como el descanso adecuado, la actividad física adaptada, el apoyo emocional y la escucha activa pueden marcar una gran diferencia.
Comprender la fatiga también es cuidar. Humanizar la atención es no minimizar lo que el paciente siente.